La vejez es un estado de vida y el envejecimiento es un proceso que sucede a lo largo de la vida.

El proceso de envejecimiento supone importantes cambios en la vida de las personas que repercuten en su estado emocional y en su satisfacción con la vida. El declive de funciones intelectuales, sociales y físicas y la forma en que los mayores experimentan y afrontan las nuevas situaciones dependerá en gran medida de diversos recursos individuales (físicos, materiales, sociales y psicológicos) para facilitar el afrontamiento y para compensar las pérdidas que acompañan el proceso de envejecimiento.

Entre los recursos psicológicos de afrontamiento, se destacan los sentimientos de autoestima, la percepción de control sobre las situaciones que se producen en la vida, estrategias de tipo acomodativo, soporte emocional, la habilidad para manejar estas nuevas situaciones y la percepción sobre la eficacia o respuesta hacia situaciones imprevistas o estresantes.

La buena percepción subjetiva de la salud, intimidad, seguridad, espiritual y de apoyo social, entre otras, así como potenciar sus habilidades para que tengan la menor dependencia posible en el mayor tiempo posible es uno de los objetivos para una optimización de la vejez, en definitiva que tengan una buena calidad de vida en todos los niveles (bio-psico-social).

La labor de nuestro personal que atiende a nuestros ancianos incluye, no solo proporcionarles ayuda en sus necesidades básicas sino favorecer su bienestar emocional para que puedan afrontar esta etapa de su vida de la mejor manera posible, como potenciar la motivación para las actividades de la vida diaria, evitar la frustración, etc., todo esto “adobado” con muestras de afecto, alegria y positivismo.