Volvemos a la carga con un artículo relacionado con el envejecimiento activo, centrado esta vez, en la audición:

Con el envejecimiento se va experimentando una pérdida sensorial, es decir, disminuye nuestra capacidad para responder a estímulos que afectan a nuestros sentidos. Además y como consecuencia, se empiezan a experimentar problemas en la comunicación o en el disfrute de actividades o interacción social y favorecer una sensación de aislamiento.

Hoy haremos hincapié de todo aquello que podemos hacer para minimizar el impacto de la pérdida de audición en la vida cuotidiana de nuestros mayores. Se calcula que entre el 30 y 50% de la población mayor de 60 años padece una pérdida auditiva lo suficientemente considerable para afectar su vida cuotidiana.

Causas más probables

Aunque esta pérdida se da de forma muy gradual, se intensifica con el aumento de edad y especialmente en personas que han estado expuestas a situaciones muy ruidosas.

  • Engrosamiento del tímpano
  • Cambios en el nervio auditivo
  • Presencia de cerumen impactado (tapones) que debe extraer el médico
  • Acufenos o tinnitus: sensación constante de un sonido anormal persistente asociado a mareo

¿Cómo nos damos cuenta de la pérdida de audición?

  • Pedimos constantemente que nos repitan conversaciones o palabras
  • Necesitamos aumentar el volumen de la radio o televisión y nos piden que lo bajemos
  • Nos cuesta comprender más las cosas en entornos ruidosos
  • No entendemos bien cuando nos hablan desde detrás o lejos

¿Cómo podemos prevenirlo?

Aunque es una consecuencia del envejecimiento ésta pérdida está relacionada con factores que pueden avanzar su aparición. Veamos cómo podemos frenarlos:

  • Evitar entornos o situaciones muy ruidosas o sino, utilizar tapones protectores
  • Reducir el volumen de los aparatos de música, especialmente cuando usamos auriculares o en espacios cerrados
  • Inmunizarse contra enfermedades que puedan provocar la pérdida auditiva y tratar las infecciones auditivas de forma rápida y adecuada.
  • Acudir a revisiones auditivas de forma regular. A partir de los 45 años, es recomendable cada 2 o 3 años.

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¿Cómo hablamos a una persona que padece pérdida de audición?

  • Antes de empezar, nos aseguramos que nos está prestando atención
  • Le hablamos de frente y mirándole a los ojos
  • Si hay un lado en el que oye mejor, nos situamos ahí
  • Hablamos claro y despacio
  • No hay que gritar, sino elevar el tono a un volumen normal
  • Evitemos los lugares ruidosos
  • Suprimamos o minimicemos los sonidos ambientales: TV, radio, ventanas abiertas, etc.
  • Si no nos entiende, aclaramos la frase con palabras más simples y si es necesario, podemos escribir lo más difícil de entender
  • Podemos hablar con gestos y expresiones faciales, señales, etc. A veces es útil hacer un gestor para aclarar que se pasa de un tema a otro
  • No hablemos con la boca llena ni masticando chicle, ni fumando porque nuestro interlocutor puede ayudarse leyendo nuestros labios
  • Seamos pacientes y positivos, hay que tomarse la situación con humor para ambas personas se sientan más relajados

Esperamos que este artículo haya sido de vuestro interés, ¡buen fin de semana!

 Fuente: Obra Social La Caixa (envejecimiento activo)